Universitas

“El valor de una educación uni­versitaria no es el aprendizaje de muchos datos, sino el entrena­miento de la mente para pensar”. Albert Einstein.

El liderazgo en el país está en en­tredicho. La cabeza del poder político no lo hizo bien, y tanto el oficialismo como la oposición viven tiempos convulsionados, donde el rumbo que cada uno tomará está muy confuso. El partido de Gobierno está divi­dido, buscando nuevos líderes, y la oposición está completamente confundida y desprestigiada. ¿Qué rumbo espera a la nación? ¿Quién marcará el camino a se­guir?

EL MUNDO SE ACHICÓ

Por supuesto, estamos hablan­do del Reino Unido, que vive un momento de convulsión política, social y económica no visto en décadas, según expresa The Eco­nomist (30-6-16).

Vayan las disculpas a los lectores si mis palabras indujeron a pen­sar que nos referíamos al Para­guay. Sucede que el mundo vive momentos de mucha similitud e incertidumbre, en muchos as­pectos y comenzando tal vez por el político. Y no se trata sólo de una crisis de valores o de ordena­miento político y social.

Es de liderazgo en todos los órde­nes de la vida.

En una aldea global donde los millenials van transformando estructuras de ocio y trabajo por igual, el mundo de plástico pare­ce cada vez más artificial.

La formación de los jóvenes, su preparación para la vida, tam­bién está en crisis. Y aquí sí me refiero a nuestro país.

MUCHAS UNIVERSIDADES LO HACEN BIEN

Las 54 universidades que compo­nen el amplio espectro que tiene a su disposición el joven que cul­mina la enseñanza secundaria, ofrecen un abanico de carreras muy impresionante.

La autonomía que otorgó a estas instituciones de formación ter­ciaria las leyes 136/93 y 2529/06 fue ampliamente aprovechada para crear universidades sin con­trol adecuado, sin infraestructu­ra y sin… educación como primer objetivo.

Los recientes y sonados casos de universidades garaje están adecua­dos a los tiempos de trans­parencia que vivimos.

Es una de las tantas ollas que se están destapando, ante el asom­bro inacabable de la ciudadanía.

Aunque es necesario también de­cir que hay muchas instituciones que buscan impartir el saber en verdad, como siempre sucede, lo morboso es más atractivo y vende más.

Si nuestras universidades no enseñan a pensar, como decía Einstein, si no cumplen su fun­ción de validadoras del saber, de orientadoras de la juventud hacia sus ideales, de referenciar cien­tíficamente la experiencia social, de guiar a la sociedad mostrando las experiencias y el conocimien­to valioso que aquí y en el mundo ofrece los límites del saber hu­mano, si no guía como una luz a la comunidad, entonces, ¿quién lo hará? ¿Los partidos políticos? ¿La Iglesia? ¿Las sectas? ¿Las ong’s? ¿Las cooperativas o el mundo empresarial?

¿Será que el organismo regula­dor, el Cones, podrá desprender­se de su parcialismo? ¿Acaso no podría pensarse que establecer un ente integrado de entrada por los rectores de 2 de las 54 univer­sidades podría no ser imparcial?

Un rector autorizando el funcio­namiento, intervención o cierre de su competencia.

¿Hasta qué punto incidirá este error inicial en el declive y la de­cadencia de la formación tercia­ria en el Paraguay?

Lamentablemente el espacio de esta columna es en exceso breve para siquiera comenzar a analizar nuestra realidad en este ámbi­to. El futuro de las generaciones por venir siempre depende de su educación, que comienza en el hogar y termina en los límites del conocimiento que otorga un doc­torado.

Ojalá los integrantes del Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) tomen conciencia de esta realidad y las necesidades actua­les en su ámbito y actúen en con­secuencia con el mayor patrio­tismo. Aunque ninguno de ellos haya pronunciado la fórmula del juramento constitucional, si no lo hicieren de esa manera, Dios y la Patria se lo demandarán, sin ninguna duda.